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domingo, 23 de febrero de 2014

La disuasión nuclear de Francia

Francia es la tercera potencia nuclear del mundo, tras Estados Unidos y Rusia. Pese a ser un país pequeño, ha sabido conservar una parte de su imperio y aún mantiene influencia en antiguas colonias. Para sostener ese estatus de aspirante a potencia mundial, en liza con otros actores superiores, Francia se ha dotado de un mecanismo disuasorio basado en su poder nuclear. Según la conocida como 'doctrina de París', si Francia es atacada, empleara toda su potencia armamentística para destruir al enemigo, aun cuando ello conllevase su propia desaparición. Para aumentar la inquietud de sus adversarios, Francia no explicita qué tipo de ataque sería motivo para desencadenar esa respuesta letal. Así, pues, gracias a esa combinación de fuerza e intriga, Francia se asegura la supervivencia como potencia, en un escenario mundial, donde los países de su tamaño cada vez tienen meno peso internacional.

Más información: Verstrynge, Jorge (2007). Frente al Imperio: guerra asimétrica y guerra total. Madrid: Foca.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Histórico acuerdo entre Irán y occidente

El acuerdo firmado entre Irán y el llamado 5+1 (Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, más Alemania) ha supuesto la descongelación de las relaciones entre el país persa y occidente, tras más de treinta años de distanciamiento. A este histórico pacto han coadyuvado numerosos factores, entre los que destaca el perfil moderado del nuevo presidente iraní, Hasán Rouhaní, sin el que este hito no habría sido posible. El acuerdo supone una limitación del programa de enriquecimiento de uranio, por parte iraní, a cambio de un levantamiento de sanciones contra ese país. Es, pues, un acuerdo que beneficia a todo el mundo, empezando por el país de oriente medio.
Aunque las probabilidades de una guerra abierta contra Irán eran muy reducidas en la actualidad, hay que recordar que ese país formó parte del bautizado como "eje del mal" por la administración Bush II, por lo que esas probabilidades fueron elevadas hace tan solo una década. No obstante, al margen de un enfrentamiento bélico, la hostilidad mutua que ha caracterizado las relaciones entre Irán y occidente suponía una importante fuente de inestabilidad en la región. Las posibilidades de intercambios comerciales y culturales que abren este acuerdo son de una gran trascendencia, por lo que el mundo puede felicitarse por este importante hecho histórico.

lunes, 2 de septiembre de 2013

¿Por qué Rusia apoya al régimen sirio?

Rusia intenta mantener su calidad de superpotencia mundial, a través de relaciones favorables con potencias regionales, como Irán. Siria es un aliado de Rusia de pequeña entidad, pero importante por varios factores. Para empezar, después de la intervención occidental en Irak y las primaveras árabes, no le quedan más países afines en oriente próximo. Además, Siria es un importante comprador de armamento ruso, lo cual ya de por sí constituye un buen motivo para proteger esa alianza. Las autoridades rusas dan por hecho que la caída del régimen de Bashar Al Asad dejaría el país en manos de occidente, por lo que están poniendo todo su empeño en frustrar los intentos de intervención militar, a través de su asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde Rusia tiene capacidad de veto.

lunes, 26 de agosto de 2013

El G-20 y el nuevo poder mundial

El grupo de los países más industrializados y de los emergentes, conocido como G-20, se formó en 1999, concentra dos tercios de la población mundial y el 85 % del producto interior bruto.
Está formado por las potencias que fueron hegemónicas durante la segunda mitad del siglo XX que formaron el antiguo G-7: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá. A éstas se sumó Rusia en 1997, una vez dejada atrás la Guerra Fría y las subsiguientes suspicacias, dando lugar al G-8. Finalmente el G-20 integra a estas ocho potencias a la Unión Europea en su conjunto y a once potencias emergentes: China, India, Brasil, México, Argentina, Sudáfrica, Arabia Saudí, Corea del Sur, Indonesia, Australia y Turquía. Durante una década el G-20 convivió con otros foros menos representativos como el G-14 o el mencionado G-8, hasta que en 2009 este grupo los desplazó definitivamente debido al incesante auge de las potencias emergentes.
Este grupo está considerado un foro de cooperación en asuntos relativos al sistema financiero internacional y las decisiones que adopta tienen repercusión en todo el mundo, si bien no es fácil que alcancen el consenso debido a los enormes intereses divergentes que mueven a unas y otras potencias. No obstante será este grupo el que dé pasos para prevenir futuras crisis financieras, para suprimir o limitar la acción de los paraísos fiscales o para erradicar la opacidad financiera que ampara al fraude fiscal, cuando no a las fortunas derivadas del crimen organizado. Ya se han dado pasos en esta dirección, si bien, aún discretos.
Aunque se le puede criticar su carencia democrática por no estar representados todos los países del mundo, su formación constituye un gran paso adelante respecto a otros foros, pues incluye a las potencias emergentes con sus enormes poblaciones y a otros países que se erigen en portavoces de otras zonas del mundo. De este modo, Turquía puede actuar como portavoz de Oriente Próximo, Arabia Saudí del mundo árabe, México de Centroamérica, Indonesia del sudeste asiático, etc.
Cabe esperar que en el futuro las zonas menos representadas en el G-20, especialmente África, aumenten su poder y su representación en este tipo de foros, dando lugar a grupos más numerosos y más democráticos pero, no obstante, el mencionado aumento en el número de voces representa un gran paso adelante y se erige en la esperanza de que todo el mundo esté representado algún día, que se equilibren los poderes y se reparta la riqueza de forma más equitativa a como lo está en el presente.

sábado, 22 de junio de 2013

Oriente próximo está que arde

Oriente próximo representa geográficamente una zona comprendida entre Turquía e Irán, incluyendo la península arábiga. Algunos autores excluyen a Irán, otros incluyen Egipto, etc., e incluso hay quien prefiere llamarlo Oriente Medio, pero la zona mencionada es la que se cita con mayor frecuencia como Oriente Próximo. A su vez, prefiero reservar la denominación de Oriente Medio para el subcontinente Indio. El Oriente Próximo es una región encrucijada en todos los sentidos. Aunque pertenece geográficamente a Asia, es puente hacia Europa y África. Está rodeada por nada menos que los mares Mediterráneo, Rojo, Negro, por el lago Mar Caspio, el golfo Pérsico y el océano Índico. Sus tierras han visto nacer las tres grandes religiones monoteístas; judaísmo, cristianismo e islamismo. Y por ellas han desfilado infinidad de imperios, sumerio, acadio, hitita, asirio, babilonio, persa, fenicio, heleno, romano, islámico, otomano, francés, inglés y en la actualidad pululan los Estados Unidos. 
Aunque todas las tierras de Oriente Próximo pertenecen a la religión musulmana, están divididas entre las tradiciones chiíta, ibadí y suní, y esta última está dividida en cuatro escuelas, hanafí, malikí, shafí'í y hanbalí. Destacan tres potencias regionales que suponen los vértices del triángulo regional. Turquía es suní, de la escuela moderada hanafí, es una democracia moderna, con la iglesia y el estado separados y con aspiración a pertenecer a la Unión Europea. Arabia Saudí también es suní, pero pertenece a la escuela rigorista hanbalí, es una monarquía absolutista y cuenta con el Consejo de los Ulemas, un conservador órgano religioso de carácter asesor. Finalmente, Irán pertenece a la otra tradición musulmana, la chiíta, la que considera a Alí, yerno de mahoma, como legítimo heredero del profeta, mayoritariamente pertenece a la rama duodecimana. Irán es una república teocrática, donde la jefatura del Estado está en manos de un ayatolá del Consejo y bajo él se encuentra el poder político en manos de un presidente elegido democráticamente. Los tres vértices del triángulo se disputan el poder de la región, a veces con tensiones latentes. Irán influye en Irak, Siria y Líbano. Arabia Saudí en la península arábiga y Turquía en parte de Irak. 
El siglo XX y lo que llevamos del XXI no ha dejado un solo periodo en el que no hubiera guerras o enfrentamientos en Oriente Próximo. Primero con la fragmentación del imperio otomano, luego con la creación del Estado de Israel y sus consecuentes guerras con los países árabes vecinos, y en la última etapa con la guerra de Irak. En la actualidad, cuando Irak aún dista de hallarse estabilizado, se abren nuevos conflictos como el sirio o el iraní. 
Nada de todo esto podría explicarse sin mencionar que bajo las tierras de esta región se encuentran los mayores yacimientos de petróleo del mundo, con aproximadamente dos tercios de las reservas mundiales. Eso hace que todas las potencias del mundo quieran posar sus garras en esa zona y eso explica las guerras de Irak I y II, las tensiones entre Turquía y la región del Kurdistán, las tensiones entre Irán y medio mundo, etc. En la actualidad, Irán intenta convertirse en potencia nuclear. Pero en contra de la visión que se quiere transmitir, no lo hace para atacar a nadie, sino para evitar ser atacado. Acceder al club de los países atómicos garantiza una virtual inmunidad frente a ataques masivos de otra potencia. Eso lo han sabido ver los líderes iraníes, que no quieren correr la misma suerte que su vecino iraquí. La solución al problema no es sencilla. Intentar convencer a Irán para que renuncie a su carrera nuclear es poco menos que absurdo cuando existe una decena de países nucleares sin que nadie se lo impida ni les imponga sanciones. Quizá lo mejor sea seguir con las actuales presiones pero no para evitar el programa nuclear, sino para conducirlo por vías de consenso, con observadores internacionales y con garantías de que no van a emplear su potencial contra otros países.